Por otra parte, el mayor aerogenerador del mundo, con 162,5 metros de altura, está siendo construido por la compañía noruega Sway con el objetivo de desarrollar una tecnología que dé lugar a la generación de una energía mayor y más barata con la energía eólica marina. Con un diámetro de rotor de 145 metros, el aerogenerador de 10 megavatios será casi tres veces más potente que las turbinas de viento normales actualmente en vigor.
El aumento de la potencia se logra reduciendo el peso y el número de partes móviles en el aerogenerador, que no hace uso de engranajes en el sistema generador. Será construida por la empresa noruega Sway y se probará en Oeygarden, al suroeste de Noruega. A diferencia de otros proyectos eólicos marinos en los que los aerogeneradores están cimentados en el lecho marino, la turbina de Sway flota sobre la superficie del agua. Esta característica garantiza un mayor desarrollo de proyectos eólicos en alta mar, donde el viento es más fuerte y constante. El mástil del aerogenerador está repleto de agua para obtener un centro de gravedad más bajo, y permanecerá anclada al lecho marino por medio de una tubería y un anclaje de succión. El aerogenerador podrá oscilar entre 5 y 8 grados, y también girar siguiendo la dirección del viento.
La Junta de Andalucía y los Ayuntamientos de Conil, Vejer, Barbate y Tarifa quieren seguir construyendo grandes complejos hoteleros en nuestras costas. En los últimos años, las playas del Novo, en Chiclana, y de Atlanterra, en Tarifa, han sucumbido al desastre del ladrillo y hormigón cuando habían conseguido llegar hasta la década de los 90 y principios de este siglo vírgenes o semivírgenes. Cuando parecía que debido a la crisis, nuestras playas podrían seguir respirando su propio aire puro, nos quieren vender ahora que el mismo modelo productivo que nos ha llevado a esta situación es el que nos puede sacar de ella.
El día 21 de agosto en Conil, el Consejero de Turismo Luciano Alonso, el Alcalde de Conil, Antonio Roldán (como cicerone) y el empresario y presidente de la Cadena Hipotels, Juan LLull, visitaron las obras del futuro complejo hotelero en la playa de La Fontanilla. Complejo que una vez más ha devastado un rincón de nuestro esquilmado y maltratado litoral, ya que ha supuesto la desaparición del pequeño e histórico bosque del Cortijo de La Fontanilla de 50.000 metros cuadrados, lleno de pinos, cipreses, aromos, mimosas, palmeras, lentisco, madreselva, adelfas, tunas…Un bosquecillo que podría haber sido una excelente zona de complemento y ocio para el pueblo y la misma playa dada su cercanía.
Los tres se fundieron en un “abrazo” de halagos y alabanzas, lanzando un brindis en pro de sus intereses y bajo la eterna excusa del fantasma del empleo. Hizo gala el señor LLull de su extrema bondad hacia nuestra costa, con el anuncio de la puesta en venta de su macroproyecto en la Riviera Maya, en Méjico, para traérselo aquí (mucho nos tememos que sea en el cabo de Roche, junto al faro, en los terrenos recalificados por el Ayuntamiento de Conil, para este uso). El señor Antonio Roldán rindió honor a la coletilla que figura en sus siglas de IU “los verdes”, y se atrevió a decir, sin pudor alguno, que “esto si que es un brote verde, la construcción de un hotel que está generando mucho empleo en nuestro pueblo”. Y por último fijo sentencia, con sus palabras, el Consejero de Turismo al afirmar: “Necesitamos hoteles como éste y empresarios como Juan Llull”.
No podemos quedarnos como “arroz sin sal” ante lo que parece ser un descarado pacto, cuya consecuencia no es un bofetón a nuestras pretensiones de Salvar el Litoral virgende las garras de los villanos del ladrillo, sino un verdadero acoso y derribo hacia nuestra queridísima y mal ratada Tierra. Sólo tenemos ésta y además es la que queremos. Entrad y con vuestra firma sellad el pacto que hemos adquirido con nuestro precioso planeta: ¡RESISTIREMOS!
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Las eco-mentiras del greenwashing
El término "greenwashing" es utilizado internacionalmente para definir acciones de marketing relacionadas a un lavado de cara, que ciertas empresas utilizan para contrarrestar factores de su producción no tan ecológicos y que afectan directamente al medio ambiente. Algunas empresas cuya imagen social ha sido cuestionada, emprenden este tipo de campañas de comunicación para minimizar el daño que estas acciones pudieran tener en su imagen de marca.
Cualquiera que haya visto la televisión este verano se habrá topado con el anuncio del último producto de Font Vella, una garrafa de agua denominada “Ecoligera”. Según el anuncio, el envase es “ecológico” porque está hecho con plástico reciclado, y además es más barato porque lleva menos cantidad de este material. ¿Pero puede ser realmente “buena para el medio ambiente” una botella de agua embotellada? ¿O estamos ante uno de los casos más descarados de greenwashing?
Font Vella, propiedad de la multinacional Danone, asegura que la producción de la Ecoligera genera un 29% de las emisiones de CO2 respecto al resto de los grandes formatos (5 y 8 litros). Sin embargo, sólo el 25% del plástico utilizado para fabricar la garrafa es reciclado, como reconoce la propia compañía. Y el ahorro del material es del 22% respecto a otros envases de la misma marca. Dos hechos que se obvian en el anuncio, y que han llevado a la Organización de Consumidores y Usuarios de Cataluña a denunciarlo por engañoso. En un comunicado, la OCUC también alertaba sobre la utilización de valores ambientales que no se corresponden con la realidad del producto y la Asociación de Autocontrol de la publicidad ha ratificado esos datos (pdf).
De los 2,7 millones de toneladas de plástico gastadas en envases para el agua en todo el mundo, sólo un 20% se recicla, y el 80% va a la basura donde puede tardar miles de años en degradarse de manera natural. Eso si no acaba en el mar o en una incineradora, generando más contaminación. El hábito más respetuoso con el medio ambiente es beber agua del grifo, sin utilizar envases de plástico, y la utilización de cantimploras en caso de necesitar transportar el agua: Be water, not plastic!
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Apoyar a tu shaper local es desarrollo sostenible
Olivier Papin, un surfista francés especializado en ingeniería de cálculo de emisión de gases de efecto invernadero, ha llevado a cabo un estudio que aporta algunos datos sobre la huella de carbono de los surfistas. Entre estos gases, el dióxido de carbono (CO2) supone la medida para la contabilidad y se expresa en kilogramos o toneladas de carbono. El CEV es ahora la medida "oficial" de las emisiones de gases de efecto invernadero.
La práctica del surf, para una persona que vive cerca de la costa y lo práctica con asiduidad, puede generar cerca de 1 tonelada de emisiones de CO2 por año de emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente debido a los viajes en automóvil que lleva a cabo para su actividad. Para un surfista que no vive cerca de la costa (Pamplona, Madrid...), el nivel de equilibrio es con facilidad el doble (2 toneladas equivalantes en CO2). Por ello es fundamental el uso compartido del coche, ya que divide la huella de carbono entre el número de viajeros. Siempre es mejor viajar y surfear acompañado, ya que los impactos medioambientales se multiplican por cada coche que nos lleva a la playa.
Los datos son aún más alarmantes cuando se trata de un surfista profesional que sigue, por ejemplo, el WCT con sus 10 etapas, o un circuito con aún más desplazamientos. Agreguemos un poco de jet-ski de vez en cuando para sesiones de tow-in (un consumo de 20 litros por hora), 60 tablas al año y el cóctel se convierte en casi 25 toneladas de CO2. Y claro, eso sin contar el CO2 necesario en la actividad diaria: comer, calefacción, trabajo, etc.
Los principales impactos en la huella de carbono de los surfistas se dan en estas actividades:
De viaje
Como era de esperar, cuanto menos se viaja, menores emisiones de gases de efecto invernadero se producen. Un viaje de ida y vuelta a Australia supone casi las emisiones de un europeo medio en un año. Pasar 3 semanas de vacaciones en la Gold Coast o Bali resultan muy caros al clima. Es evidente que debemos dar prioridad a los destinos locales cercanos, o viajar menos a menudo. Es mejor ir dos semanas del tirón a Marruecos, que ir una semana en Febrero y otra en Noviembre. Entre el coche y el avión, si viajas sólo es equivalente, pero es mucho mejor si viajas con más gente en un mismo coche, ya que de esta manera se "comparten" las emisiones. El tren y el autobús siguen siendo los medios más respetuosos con el medio ambiente. En determinados destinos (Perú, México) siempre se ha solido utilizar estos medios, ¿por qué no hacerlo también en nuestros destinos más próximos?
Tablas
Es difícil decidir qué tipo de tabla es la más ecológica entre una tabla de PU clásica / resina de poliéster, la combinación EPS / Epoxy u otros tipos de tablas. Un análisis del ciclo vital (LCA) es completamente necesario. Según EuroSIMA, las tablas de EPS / EPOXY suponen un menor impacto en términos de emisiones de gases de efecto invernadero, con un 25% respecto a las tradicionales tablas de foam, pero ello puede tener una diferente interpretación. Por ejemplo, una tabla de carbono (alto contenido de consumo de energía) puede parecer anti-ecológica, pero al durar mucho más tiempo puede suponer otro tipo de cuentas. Si bien no hay respuesta clara a la tabla perfecta o menos contaminante, en la situación actual, la tabla más limpia es la que más dura, ya que se puede mantener y reparar la misma, ampliando su ciclo vital.
Del mismo modo, los shapers que se hacen preguntas sobre biomateriales (tela de cáñamo, foam ecológico, bambú, resina orgánica...) van por el buen camino y deben fomentarse. Asociaciones como Cleanshaper y NoTox tiran del carro sobre las cuestiones medioambientales, mientras los shapers locales como Ilusions Surfboards o Kluba Surfboards nos sorprenden cada día con formidables tablas estudiadas y shapeadas de una manera más respetuosa con nuestro medio ambiente.
No debemos olvidar que el desarrollo sostenible tiene tres pilares: medio ambiente, economía y desarrollo social. De esta manera, una tabla de importación de Asia no emite muchos más gases de efecto invernadero (el flete marítimo es con diferencia el emisor más bajo: traer un tablón de Asia equivale a una docena de libras de carbono). Pero esa tabla no ayuda a la economía local y a los puestos de trabajo que supone. Apoyar a tu shaper local es también desarrollo sostenible!
Campeonatos
Cada vez hay más campeonatos en todas partes y el balance de carbono de los acontecimientos deportivos comienzan a multiplicarse y, lógicamente, el mundo del surf empieza a hacerse preguntas. La eco-responsabilidad está progresando. Además de la compensación medioambiental de campeonatos como el Billabong Pro de J-Bay, se ha investigado el combustible de hidrógeno en algunos campeonatos de Francia como el Rip Curl Pro Junior en 2010. La clasificación de residuos se ha generalizado, pero aún queda trabajo por hacer con el espinoso tema del desplazamiento de los espectadores. Los webcasts, que ahora se pueden seguir por internet para ver cualquier campeonato, puede ser una parte de la respuesta. Al reflexionar sobre estos acontecimientos que empiezan a perfilarse de una manera "global", el reto es doble: no sólamente reducir su huella de carbono, sino también garantizar su sostenibilidad. De hecho, las emisiones de gases de efecto invernadero están íntimamente relacionadas con el petróleo, que cada vez es menos abundante y más caro. ¿Cúal será el precio de un billete de avión si se duplica o triplica en 10 años? ¿podrá un surfista del WQS seguir todas las pruebas y llegar a fin de mes con estos gastos?
Tow-in
El uso de motos de agua se está volviendo más y más frecuente en las sesiones de olas grandes, en las que su uso se puede justificar. Sin embargo, es evidente la contaminación acústica y ambiental (mínimo de 20 l. de carburante por hora). En términos de impacto, es una marea de gases de efecto invernadero. Así, un período de sesiones en Jaws (Maui), con 25 tripulantes (2 por moto) que llegan de todo el planeta, suponen 3000 litros de combustible consumido (suficiente para dar la vuelta al mundo con un coche), lo que representa más de 8 toneladas de CO2 equivalente. Y si añadimos el avión que les lleva al sitio, supone un total de 200 T CO2, el equivalente a las sesiones anuales de 200 surfistas. Los derrames de petróleo que afectan a nuestras costas nos producen escalofríos, pero ¿qué pasa con las mareas de gases de efecto invernadero invisibles?
Conclusión
El surf es hoy consciente de que no es del todo una práctica eco-deportiva. La ecología y el progreso, pasan sin duda por la protección del medio ambiente, pero siempre asumiendo nuestra responsabilidad personal: el surf de hoy debe ser consciente de estas deficiencias. Un surfista joven, esencia de la cultura nómada del surf, debe reflexionar sobre la frecuencia de sus viajes o la distancia que recorre. Localmente, el costo de la gasolina debe animarnos a compartir el vehículo y aquellos productos que estén estrechamente relacionados con los hidrocarburos.
La naturaleza hace bien las cosas y nos enseña el camino: el viento genera olas que llegan a nuestras costas, con cero emisiones. Comer comida local, seguir las estaciones, no comer demasiada carne ya que supone mayor emisión de carbono y quita potencia a la remada, abandonar los productos derivados del petróleo por otros más naturales, desplazarnos de forma más inteligente... son los pasos para que el surf sea verdaderamente un deporte verde.